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Carla y Juan

Esa boda de princesa en un castillo que siempre soñaste es posible, vamos a hacerla realidad!

 

El 15 de mayo de 2019 fue la fecha elegida por esta pareja para vivir ese sueño de princesas que Carla siempre tuvo. Una boda de ensueño en la que disfrutar de cada detalle junto a su gran amor, Juan, y en la que ellos y sus invitados vivirían esa maravillosa experiencia que con tanto cariño preparamos juntos.

La temática estaba clara: “boda de una princesa”, por tanto, la elección de lugar de celebración también lo estaba: el Castillo de Almodóvar. Con la elección de este histórico lugar parecía que todo el trabajo estaba hecho, pero ni mucho menos. Ella quería un castillo de princesas y eso fue lo que recreamos para la pareja. Contactaron con nosotras desde el minuto uno en el que decidieron casarse, tenían claro lo que querían y eso facilitó mucho la organización. Les ofrecimos una amplia gama de proveedores que se adecuaban a sus gustos,  tenían muy claro que querían la excelencia para sus invitados. Prueba de ello es que para servir su menú de boda confiaron en Kisko García, una de nuestras grandes estrellas Michelín, creando un menú a medida para el evento para agradar todo lo posible a sus allegados. El cóctel fue diseñado también a su gusto, a base de diversos puestos de comida  acompañado de varios aperitivos. Entre los puestecitos destacó uno de sangría, bebida favorita de la novia, junto a uno de arroces, cervecita y patatas chips y un impresionante buffet de sushi recién preparado. ¡Una verdadera delicia!

Desde Ellegantia llevamos a cabo el evento por completo, coordinando en todo momento el timing del día y atendiendo cada elemento. Nuestro trabajo empezó en la Mezquita-Catedral donde su compromiso se hizo oficial. Recibíamos a los invitados con un puesto de limonada y agua mientras esperaban a que diese comienzo la ceremonia. También había pañuelos, siempre para lágrimas de felicidad, y unos pai-pai para el calor. La decoración fue innovadora, nunca se había visto la Capilla del Sagrario repleta de orquídeas blancas. Esta flor supuso el hilo conductor en toda la boda, empezando por la invitación que se centró en una acuarela realizada en exclusiva para ellos. Lo mejor de tener una invitación tan única y personal es el trasladarla a toda la papelería del evento, de tal manera que estuvo presente en cada uno de los detalles y espacios de la celebración: desde los pañuelos y conos para flor hasta el agradecimiento a cada comensal en su sitio. Al llegar a los bancos de la Capilla, como detalle especial, se habían colocado misales para seguir la ceremonia y para conservarlos de recuerdo. Contaron con música clásica en directo durante su declaración de amor y a la salida les esperaba una gran cúpula de pétalos y arroz.

Sus caras rebosaban felicidad desde el momento en que cruzaron la primera mirada. Fue una ceremonia muy emotiva, y es que ellos son una de las parejas más dulces que hemos tenido y eso se nota. Cada minuto fue como imaginaron y así disfrutaron de él. Desde que llegaron al Castillo no dejaron de sonreír, pero cuando entraron a la cena desde una de las almenas del castillo, creo que sus expectativas se cumplieron por completo. La carpa que cubre el patio de armas del castillo se decoró con lámparas chandelier, centros altos y bajos llenos de flor y velas junto a una mantelería azul claro y platos dorados que creaban un ambiente de cuento. Como guinda al pastel, y convertida en el centro de todas las miradas, la mesa nupcial los esperaba junto a sus padres para hacer el brindis y comenzar la cena. En cada plato esperaba un agradecimiento para sus invitados e invitadas que los acompañaban esa noche, sin embargo, las sorpresas no acababan ahí. Una vez iniciada la barra libre y el baile de los ya casados, de pronto apareció un violín eléctrico que los hizo saltar y disfrutar como nunca.

Sin duda, la boda salió a la perfección, como dicen lo que bien empieza, bien acaba. Y aquí se cumple fielmente. En cuanto al vestido nupcial, fue un diseño único de Fernando Claro acompañado de una joyería de anticuario en tono zafiro desde los botones del mismo a la tiara, que la complementó con una trenza, hasta los pendientes. El ramo fue un recuerdo al que fue un día el de su madre añadiéndole jacintos, combinado con envoltura en color zafiro y un broche compañero al resto de joyas. Obviamente, el zafiro, fue el color predominante de la boda, dándole incluso un toque de color a los trajes de los niños de arras que, por cierto, estaban para comérselos con sus sombreros adornados con flores.

 

  • Wedding Planner: Ellegantia
  • Cátering: Kisko García
  • Fotógrafo: Juan Punzano
  • Video: Javi López
  • Violinista: Jose Milán
  • Dj: Dale al play
  • Peluquería y maquillaje: 100% maqueda
  • Vestido: Fernando Claro

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